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Estrategias de manipulación mediática
En las escuelas de comunicación de todo el mundo uno de los tópicos que despierta más apasionamiento y discordia, sin duda, es la manipulación de la opinión pública porque linda directamente con la ética, la objetividad y la esencia misma del comunicador: la responsabilidad social.
Se trata de un tema que siempre está presente en toda sociedad y, por tanto, los comunicadores (y la sociedad en general) deben saber identificar las estrategias de manipulación mediática más comunes que se utilizan con fines políticos, corporativos y de otra índole.
El asunto no es nuevo. A lo largo de la historia humana se pueden identificar numerosos hechos que vislumbran señales claras de manipulación de las masas, desde las clásicas mentiras universales (si todo el mundo cree algo, probablemente sea falso, reza un dicho popular) hasta los psicosociales científicamente elaborados (el propagandista nazi Joseph Goebbels fue uno de sus más grandes exponentes).
Por supuesto, la manipulación mediática no ha sido ajena en el Perú. La década de 1990 (gracias a Vladimiro Montesinos) fue especialmente productiva en este aspecto, en la que abundaron no solo psicosociales y ‘cortinas de humo’ para distraer a la gente, sino que se apeló a recursos delictivos como la compra de conciencias, de medios de comunicación y el chantaje.
Para lograr el control social a través de los medios de comunicación existen numerosas estrategias que utilizan los encargados de la propaganda. Quizá uno de los principales y que ha demostrado amplia efectividad es la estrategia de la distracción, que consiste en desviar de la atención del público los problemas realmente importantes utilizando una ‘tormenta’ de informaciones mediocres en forma constante, por lo general hechos policiales, escándalos de la farándula, etcétera.
Esto, por lo general, va de la mano con otras acciones mediáticas orientadas a mantener permanentemente al público en la ignorancia y ser complaciente con él mediante, por ejemplo, los realities y telenovelas.
Otra estrategia muy usada por algunos políticos –desde cualquier posición– es la de crear problemas y después plantear soluciones, con el claro objetivo de sumar puntos y crecer ante la audiencia. Es muy común en épocas electorales e incluso preelectorales.
Pero no se crea que estas herramientas de manipulación, sobre todo la distracción, son aplicables solo desde el poder. Muchas veces se utilizan para pasar a segundo o tercer plano un hecho que podría perjudicar la carrera política de algún candidato. La historia reciente del Perú tiene muchos ejemplos.

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